Una de las cuestiones más discutidas a nivel profesional desde el fin de la pandemia del Covid19 es el teletrabajo, especialmente en un país como España, donde la baja productividad supone uno de los principales lastres para nuestra economía. En este post analizaremos las ventajas e inconvenientes de las dos modalidades de jornada laboral y explicaremos por qué nos decantamos claramente… por ninguna de las dos.
Para empezar fuerte, seamos sinceros: en una muy amplia mayoría de los casos, se rinde más en la oficina.
Y esto no lo digo yo, sino multitud de estudios[1] a los que se están acogiendo grandes multinacionales, pioneras del teletrabajo, que ya están obligando a sus empleados a volver a la oficina presencialmente (incluso el 100% del tiempo), como son Amazon, Meta, Google, Zoom…etc. Estos estudios muestran diferencias superiores a un 10% entre la productividad en la oficina versus teletrabajando.
De entre estos estudios, quiero pararme en una noticia que me llamó poderosamente la atención. La Universidad de Standford[2] advirtió que, en las empresas de software que analizaron, un 10% de los ingenieros “no hacen prácticamente nada” en su día a día. Pero lo que aquí nos interesa es que ese porcentaje es solamente un 6% en los casos de trabajadores presenciales, aumenta hasta un 10% para los que desempeñan su labor en modelo híbrido, y se dispara al 14% entre los que teletrabajan (es decir, un aumento de más del 100% respecto de los que trabajan en oficinas).
No obstante, entendamos bien el argumentario con el que iniciamos este post: ser productivos no significa trabajar “más”, sino trabajar “mejor”.
En este sentido, estos mismos estudios revelan que la mayoría de los empleados que teletrabajan acaban invirtiendo jornadas laborales más largas, debido a la falta de contacto con sus compañeros, a la participación en reuniones innecesarias (por el sentimiento que genera el teletrabajo de “quedarse fuera”) y por las pausas que hacemos en casa pero que, en la oficina, no haríamos.
Porque en casa no solamente nos relajamos más (que si un cafetito mientras leo el periódico, que si salgo a hacer una compra rápida, que si esa partida de ajedrez online que tengo a medias…). También es más difícil disponer de un entorno adecuado para el trabajo (silla, mesa, pantalla, luz…), es más lento y tedioso interactuar con compañeros para resolver dudas o colaborar en proyectos y, obviamente, la gran mayoría de nosotros “cambiamos el chip” cuando entramos en la oficina. Nuestra mente no puede ignorar (aunque creamos que sí) que nos predisponemos a trabajar mejor cuando estamos en la oficina (entorno que identificamos con el trabajo), a cuando estamos en casa (entorno identificado con el descanso). Es un hecho que trabajar en casa te invita a relajarte más, tomarte más descansos de los que tomarías en la oficina y compaginar tu trabajo con otras actividades que en la oficina no harías, lo que irremediablemente nos lleva a jornadas laborales más largas, ergo, menor productividad.
Tampoco se le escapa a nadie que en entornos de I+D+i, o trabajando bajo metodología Agile por ejemplo, el teletrabajo hace mucho más difícil avanzar.
Los defensores del teletrabajo alegarán que existen muchos empleados que tampoco “trabajan” en la oficina. Esas personas que se dedican a “calentar la silla”, tomar un café con su compi mientras le cuenta cómo ha ido el finde, los que bajan a fumar un cigarrillo cada media hora... ¿De verdad creéis que esa gente trabajaría más o “mejor” en su casa?
No. Trabajarían aún menos.
Porque, no te engañes. El 99% de las personas preguntadas si, por el mismo sueldo, trabajarían cuatro o cinco días a la semana, te responderán que cuatro. Todos queremos trabajar menos. ¿Lógico no?
Si les preguntas a esas mismas personas sobre su preferencia acerca de trabajar en casa o en la oficina ¿qué respuesta esperarías? No quizás una tan abrumadora mayoría como en la pregunta anterior, pero doy por sentado que habría una importante preferencia por el teletrabajo. Y aquellos que indiquen que quieren trabajar en casa ¿por qué crees que es?
Conclusión: ¿podemos asegurar sin posibilidad de error que todos trabajamos más cómodos y somos más productivos en una oficina?
¡Por supuesto que no!
Hay personas que funcionan mejor en casa, ya sea porque se les interrumpe menos, o porque se concentran mejor. Que levante la mano quien no se haya quedado en casa para terminar una oferta o una entrega final de un proyecto, cuando realmente necesitas concentrarte y ser totalmente productivo.
También es evidente que, para muchas personas, el hecho de tener que trabajar en una oficina es un aspecto muy negativo, no por el entorno o los compañeros, sino por el tiempo que invierten en desplazamientos. Este problema es de difícil solución en las grandes ciudades, pero si lo acompañamos de flexibilidad en los horarios de entrada y salida, facilitan mucho la conciliación. Porque trabajar desde casa con los niños es mucho menos productivo que en la oficina sin ellos, pero ¿qué pasa cuando tienes que ir a buscarlos al cole o no puedes dejarlos con nadie a partir de las 17:00?
Por lo tanto, Flexibilidad es la palabra mágica.
Desde mi punto de vista, teletrabajo 100% no, pero oficina 100% tampoco. Debemos ser flexibles y entender que no todos los empleados somos iguales, ni todos tenemos la misma situación personal. Siendo flexibles podemos trabajar las mañanas desde la oficina y las tardes desde casa, evitar desplazarnos si un día estamos acatarrados, o no pasar horas atascados en el coche si nuestra ruta nos implica atravesar una hora punta para llegar a la oficina.
Responsabilidad es la otra palabra clave. Porque un trabajador responsable desempeñará igual de bien su tarea desde su casa que en la oficina, y sabrá definir cuándo es mejor aplicar uno u otro modelo.
Para terminar, permíteme poner en valor estos conceptos de Flexibilidad y Responsabilidad. Porque no podemos simplemente agarrarnos a la “conciliación” para explicar a nuestro jefe que vamos a trabajar igual de bien en casa con dos niños pegando gritos a mi lado, o un gato pasando por encima del teclado cada diez minutos.
Y evidentemente, la moda entre la generación Z de querer teletrabajar al 100%, cuando estamos hablando con una persona que no sabe (literalmente en la mayoría de los casos) lo que es trabajar, es ridículo. Que una persona que va a necesitar asistencia y directrices prácticamente diarias durante los primeros meses (o años) de su carrera profesional, pida teletrabajar el 100% de su tiempo es una muestra clara de algo no está funcionando bien en nuestro sistema educativo.
Pero eso ya es motivo de otro post.
Si quieres que te ayudemos a definir la situación de flexibilidad horaria de tus trabajadores, no dudes en contactarnos en info@t-consulting.es